Mostrando entradas con la etiqueta ansiedad. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta ansiedad. Mostrar todas las entradas

miércoles, 28 de marzo de 2012

Estrés ¿bueno y malo?


“Puesto que el estrés es la respuesta inespecífica del cuerpo ante una necesidad, todos lo sentimos constantemente a cierto grado.”—Doctor Hans Selye.


LAS cuerdas del violín han de estar tensas, pero en su punto exacto: ni muy tirantes, pues pueden romperse, ni muy flojas, pues no sonarán. El ajuste preciso está entre los dos extremos.
Otro tanto sucede con la tensión emocional. Ya hemos visto que en exceso es nociva. Pero ¿qué ocurre si no existe? Por atrayente que sea la idea, lo cierto es que necesitamos el estrés, siquiera a cierto grado. Por ejemplo, imagínese que al cruzar la calle ve que un automóvil se dirige raudo hacia usted. El estrés le permitirá eludir el accidente de forma rápida.
Pero su utilidad no se limita a las emergencias. También hace falta para desempeñar las tareas cotidianas. Todos estamos sometidos de continuo a cierto nivel de tensión. ‘La única forma de evitarlo es morirse’, dice el doctor Hans Selye, quien agrega que afirmar que uno “está bajo estrés” es tan carente de sentido como decir que “tiene temperatura”. “Con estas frases —señala Selye— nos referimos en realidad a un exceso de tensión o de temperatura corporal.” En este contexto, las diversiones, así como el sueño, también requieren estrés, pues el corazón ha de seguir latiendo y los pulmones funcionando.

Tres clases de estrés

Tal como hay varios grados de tensión, también existen diversos tipos.
El estrés agudo procede de las tensiones cotidianas, ocasionadas a menudo por situaciones desagradables que deben resolverse. Ya que son circunstancias ocasionales y temporales, este estrés normalmente puede afrontarse. Claro, hay quienes van de crisis en crisis; el caos parece ser parte de su carácter. Aun en este nivel es controlable el estrés. Ahora bien, el paciente tal vez rehúse cambiar a menos que comprenda las consecuencias que tiene su vida agitada en sí mismo y en quienes lo rodean.

A diferencia del estrés agudo, que es temporal, el crónico es duradero. El afectado no ve la forma de salir de la situación que lo agobia, sea la pobreza y sus lacras, un trabajo desagradable o el desempleo. El estrés crónico también lo ocasionan los problemas familiares persistentes, así como cuidar a un pariente enfermo. Prescindiendo de su origen, este tipo de tensión desgasta a la víctima día tras día, semana tras semana, mes tras mes. “Lo peor del estrés crónico —señala un libro sobre el tema— es que nos habituamos a él. [...] Reconocemos de inmediato el estrés agudo porque es nuevo, pero no prestamos atención al crónico por ser antiguo, familiar y, a veces, hasta cómodo.”

El estrés traumático lo causa una tragedia impactante, como una violación, un accidente o una catástrofe natural. Lo sufren muchos ex combatientes y sobrevivientes de campos de concentración. Los síntomas abarcan los vívidos recuerdos del desastre, que duran años, así como la sensibilización a sucesos menos importantes. A veces se diagnostica al paciente trastorno de estrés postraumático (TEPT) 

Hipersensibles al estrés

Hay expertos que afirman que el modo en que reaccionamos hoy al estrés depende, en gran medida, de la cantidad y el tipo de estrés que hayamos soportado antes. Dicen que los sucesos traumáticos alteran las “conexiones” químicas del cerebro del afectado, que será más sensible al estrés en el futuro. Por ejemplo, en un estudio realizado con 556 veteranos de la II Guerra Mundial, el doctor Lawrence Brass descubrió que el riesgo de padecer apoplejía era ocho veces mayor, aun cincuenta años después del trauma, si el ex combatiente había sido prisionero de guerra. “La tensión de ser [prisionero de guerra] fue tan grande que marcó las reacciones posteriores de estos individuos: los sensibilizó.”
Algunos entendidos afirman que, por sus graves consecuencias, no deben subestimarse los sucesos angustiantes de la infancia. “La mayoría de los niños traumatizados no van al médico —señala la doctora Jean King—. Sobrellevan el problema, siguen con su vida y, con los años, acaban en nuestras consultas, aquejados de depresión o cardiopatías.” Tomemos como ejemplo la terrible pérdida de un progenitor. “A edad temprana, una tensión tan intensa puede cambiar definitivamente la red de conexiones del cerebro —dice la doctora King—, dejando al huérfano con menos capacidad de afrontar el estrés normal de cada día.”
Por supuesto, la reacción del individuo ante la tensión depende de muchos factores, como su constitución física y los recursos de que disponga para encarar los sucesos estresantes. Pero causas aparte, es posible afrontar el estrés. Claro, no es fácil. La doctora Rachel Yehuda observa: “Recomendarle a quien está sensibilizado a la tensión que se relaje es como decirle al insomne que se duerma”. No obstante, cada uno puede hacer mucho para aminorar el estrés.

El estrés laboral “fenómeno mundial”

  Un informe de la ONU dice: “El estrés se ha convertido en uno de los problemas de salud más graves del siglo XX”. Su presencia en el lugar de empleo es patente.
• Las demandas por estrés que plantearon los funcionarios australianos aumentaron en un 90% en tan solo tres años.
• Un estudio efectuado en Francia reveló que el 64% de los enfermeros y el 61% de los maestros dicen estar a disgusto con el entorno estresante de su trabajo.
• Las enfermedades ligadas al estrés cuestan a Estados Unidos unos 200.000 millones de dólares anuales. Se calcula que del 75 al 85% de los accidentes laborales tienen que ver con el estrés.
• En muchos países, la mujer padece más estrés que el hombre, probablemente porque se ocupa de más obligaciones entre la casa y el empleo.
  Sin duda, el estrés laboral es, en palabras del informe de la ONU, un “fenómeno mundial”.


miércoles, 10 de agosto de 2011

LA ANSIEDAD O INQUIETUD EXCESIVA


Uno de los tipos de inquietud más graves es la ansiedad, que se define así: “Estado o sensación de aprensión, desasosiego, agitación, incertidumbre y temor resultante de la previsión de alguna amenaza o peligro”. (Enciclopedia de medicina y enfermería Mosby.) Es un “estado de ánimo apenado caracterizado por la espera de un peligro inminente e indeterminado, y por la convicción de hallarse impotente para alejarlo”. (Gran enciclopedia médica Sarpe.) Entre los signos fisiológicos que la caracterizan están la sudoración, la tensión y el aumento de la frecuencia cardíaca. De modo que puede ser un problema complicado. Algunas de las muchas causas de este estado de ánimo son la enfermedad, el envejecimiento, el temor al delito, el desempleo y la preocupación por el bienestar de la familia.
Cómo controlar los pensamientos
¿Cómo reaccionamos en la vida diaria cuando nos enfrentamos a pruebas de la fe o a tribulaciones? ¿Nos asustamos solo de pensar en los obstáculos o desafíos que se avecinan? ¿O los vemos de manera equilibrada? Como reza un dicho inglés: “No cruces el puente antes de llegar a él”. Es posible que, al fin y al cabo, no haya necesidad de cruzar el puente imaginario. Así, ¿por qué atormentarnos por algo que quizá nunca suceda? La Biblia dice: “La solicitud ansiosa en el corazón de un hombre es lo que lo agobia” (Proverbios 12:25). El resultado suele ser el aplazamiento de las decisiones y la postergación de los asuntos hasta que es demasiado tarde.
si usted desea controlar la ansiedad excesiva, mantenga la mente ocupada con cosas utiles y satisfactorias, ¿por qué no ponerse metas definitivas, especialmente espirituales, Es cierto que se puede obtener algún alivio temporal mediante descansar, salir a dar una caminata, cambiar de rutina o de ambiente, o escuchar música suave. Sin embargo, quizás nos inclinemos al pensar negativo y a tener ansiedad, dependiendo de las cosas que se nos hayan enseñado o que hayamos experimentado. Por esta razón, la capacidad intelectual y la fuerza de voluntad no son suficientes para producir paz mental.
La fe fuerte, es decir, anticipación y esperanza seguras, contribuye a que se tenga una actitud positiva, mientras que lo desconocido estimula la ansiedad y el temor. (Hebreos 11:6.) En realidad, el pensar negativo o las dudas pueden hacer que fallemos donde pudiéramos haber tenido éxito. 
El autodominio y la sensatez, también, son cualidades que tenemos que cultivar para poder promover relaciones placenteras con otros. “Un hombre de discernimiento es sereno de espíritu”, controla sus emociones
El amor por otros promueve sentimientos muy deleitables, el tener el deseo de animar a otros y hacerlos sentir cómodos. “En amor fraternal ténganse tierno cariño unos a otros. En cuanto a mostrarse honra unos a otros, lleven la delantera.” “Tener amor es saber soportar; es ser bondadoso; es no tener envidia, ni ser presumido, ni orgulloso, ni grosero, ni egoísta; es no enojarse ni guardar rencor.” (Romanos 12:10; 1 Corintios 13:4, 5
Aunque cada uno de nosotros quizás reconozca que tiene que controlar ciertas emociones a mayor grado, podemos confiar en que el progreso y la felicidad están a nuestro alcance. Con ese fin, debemos esforzarnos mucho por cuidar de no soñar despiertos ni tampoco ceder a emociones fuera de control, como por ejemplo: el preocuparnos innecesariamente. Más bien, esforcémonos por cultivar emociones positivas y sanas para así estar en paz con nosotros mismos, con nuestros asociados y con Dios.






martes, 1 de marzo de 2011

En busca de la figura perfecta


Quienes se toman la moda demasiado en serio a veces se preocupan en exceso por su aspecto. Las modelos de las pasarelas por lo general son altas y delgadas, y se nos bombardea con su imagen constantemente. El físico “perfecto” lo vende todo, desde automóviles hasta dulces. Según cálculos del Social Issues Research Centre (Centro de investigaciones sociológicas) de Gran Bretaña, “las jóvenes de la actualidad ven más imágenes de mujeres extraordinariamente hermosas en un día que las que vieron nuestras madres en toda su adolescencia”.


Este aluvión de imágenes puede resultar perjudicial. Por ejemplo, una encuesta mencionada en la revista Newsweek reveló que el 90% de las adolescentes de raza blanca de Estados Unidos están descontentas con su físico. Algunas de ellas harán casi cualquier cosa con tal de lograr la figura perfecta. Sin embargo, el instituto de investigación ya citado señala que menos del 5% de la población femenina puede alcanzar el peso y la talla ideales que promueven los medios de comunicación. Con todo, el culto a la delgadez extrema tiene esclavizadas a millones de jóvenes y ha empujado a otras a la anorexia nerviosa, un trastorno muy difícil de superar. 


La modelo española Nieves Álvarez, quien padeció dicho trastorno, admite: “Tenía más miedo a ser gorda que a morirme”.


Si bien es cierto que la anorexia y la bulimia pueden deberse a diversos factores, los doctores Michel Laxenaire y Anne Guillemot afirman: “El culto a la delgadez tiene parte de la culpa”.



Normalmente se espera que las modelos sean “al menos de 1,74 metros de altura, muy delgadas, con labios gruesos, pómulos elevados, ojos grandes, piernas largas y una nariz recta y no muy prominente”, informa la revista Time.
La National Association of Anorexia Nervosa and Associated Disorders de Estados Unidos calcula que, solo en ese país, 8.000.000 de personas padecen anorexia y que algunos casos graves resultan mortales. La gran mayoría de los anoréxicos (el 86%) comenzaron a sufrir trastornos alimentarios antes de cumplir 21 años.



Cuando el alimento es su enemigo


Según cierto cálculo, 1 de cada 100 estadounidenses enferma de anorexia nerviosa durante la adolescencia o la primera etapa de su vida adulta, y tal vez el triple de esa cantidad son bulímicas. “Llevo años trabajando en centros de enseñanza media y universidades —dice la doctora Mary Pipher—, y veo de primera mano que los trastornos alimentarios proliferan igual que antes.”
Además, afectan a diversas clases de personas. Aunque antes se creía que solo los padecían los ricos, ahora se consideran comunes en todo ámbito racial, social y económico. Incluso está aumentando el número de víctimas del sexo masculino, por lo que la revista Newsweek llama a los trastornos alimentarios “atacantes no discriminatorios”.
No obstante, lo que más preocupa es que la edad media de los pacientes que reciben tratamiento por trastornos de la alimentación es cada vez inferior. “Se está internando en los hospitales a niñas menores de 10 años, algunas de tan solo seis años —dice Margaret Beck, directora en funciones de un centro especializado en trastornos alimentarios de la ciudad de Toronto—. La cifra todavía es pequeña, pero va en aumento.”
“El alimento tiene una carga emocional mucho más pesada que todo aquello que puede medirse en calorías o gramos.”—Janet Greeson, escritora.

En total, los trastornos alimentarios afectan a millones de personas, principalmente niñas y mujeres jóvenes. “No piensan en la comida ni la utilizan igual que la mayoría de las personas —comenta Nancy Kolodny, trabajadora social—. En lugar de comer cuando tienen hambre, para nutrirse y gozar de buena salud, por placer o para pasar un rato agradable con otros, se comportan de manera rara con la comida y hacen cosas que no se consideran ‘normales’, como seguir rituales extraños antes de permitirse comer, o sentirse impulsadas a eliminar inmediatamente del organismo el alimento que acaban de consumir.”

¿Cómo se desencadena este raro trastorno llamado anorexia?


Por lo general, una adolescente o adulta joven (suele afectar más al sexo femenino) se propone perder unos kilos. Sin embargo, cuando lo consigue, no queda satisfecha. Al mirarse al espejo sigue viéndose gorda, así que decide seguir su dieta y rebajar un poco más para verse aún mejor. El ciclo continúa hasta que su peso está un 15% o más por debajo de lo normal para su estatura.


Es entonces cuando la familia y las amistades empiezan a manifestar su preocupación por la extremada delgadez, por no decir escualidez, de la joven. Pero la persona anoréxica no ve las cosas de la misma manera. “Yo no me consideraba flaco. Cuanto más peso pierdes, más se distorsiona tu mente y ya no eres capaz de verte con claridad,” dice Alan, un joven anoréxico de 1,75 metros (5 pies y 9 pulgadas) de altura, que llegó al punto de pesar solo 33 kilos (72 libras).
Con el tiempo, la anorexia puede desencadenar osteoporosis, afecciones renales y otros problemas graves de salud. Incluso puede provocar la muerte. “El médico me dijo que como mi organismo se había visto privado de tantos nutrientes, si hubiera seguido dos meses más con aquella dieta habría muerto de desnutrición”, dice Heather. 
El boletín The Harvard Mental Health Letter informa que alrededor del cinco por ciento de las mujeres a quienes se les diagnostica anorexia mueren en el plazo de diez años.



Los síntomas no tardan en aparecer. 
El más común es la pérdida de peso, pero también puede producirse caída del cabello, sequedad de la piel, fatiga y pérdida de densidad ósea. La menstruación se hace irregular o hasta cesa por varios meses consecutivos.
Aunque estos síntomas pudieran parecer inofensivos, no nos engañemos: la anorexia es potencialmente mortal. Un trabajo de investigación descubrió que, con el tiempo, hasta el 10% de los enfermos mueren a causa del trastorno, por lo general como resultado de la insuficiencia —mal funcionamiento— de algún órgano u otros problemas relacionados con la malnutrición.



¡Cuidado con la anorexia!


En su afán por adelgazar, algunos jóvenes han caído en las garras de la anorexia, un grave trastorno alimentario que lleva a la persona a prácticamente dejarse morir de hambre.
La anorexia puede presentarse de forma sutil. Una chica tal vez comience una dieta aparentemente inofensiva para perder un poco de peso. Pero cuando cumple su objetivo, sigue insatisfecha: aún se ve gorda cuando se mira al espejo. Así que decide adelgazar un poco más... y luego más..., pero nunca es suficiente. De este modo se inicia un círculo vicioso que acaba llevándola a la anorexia.
La persona anoréxica rehúsa comer o lo hace en cantidades tan pequeñas que acaba desnutrida. Antoinette dice que llegó a pesar 37 kilos (82 libras), muy poco para una joven de 17 años y 1,70 metros (5 pies y 7 pulgadas) de altura. “No consumía más de 250 calorías diarias y anotaba todo lo que comía”, dice ella.
Las anoréxicas están obsesionadas con la comida, y son capaces de cualquier cosa para no ganar peso. “Empecé a escupir la comida en una servilleta, haciendo ver que me estaba limpiando la boca”, explica Heather. Susan hacía mucho ejercicio para no aumentar de peso. “Casi todos los días —dice— corría 12 kilómetros [8 millas] o hacía una hora de natación, de lo contrario, me embargaban una angustia y un sentimiento de culpabilidad terribles. Y cada mañana sentía un inmenso placer, el único placer verdadero que tenía por lo general, cuando me subía a la báscula para confirmar que mi peso estaba muy por debajo de los 45 kilos [100 libras].”
Por irónico que parezca, algunas anoréxicas son magníficas cocineras y sirven comidas exquisitas que ellas se niegan siquiera a probar. “Cuando peor estaba —dice Antoinette—, era yo la que preparaba absolutamente todas las cenas en casa y también la bolsa del almuerzo para mi hermano y mi hermana menores. No dejaba ni que se acercaran a la nevera. Era como si la cocina fuese toda mía.”

Según el libro A Parent’s Guide to Anorexia and Bulimia (Guía para los padres sobre la anorexia y la bulimia), algunas anoréxicas “se vuelven exageradamente pulcras y llegan a exigir que toda la familia acate sus normas irrealistas y maniáticas. No pueden ver una revista, unas zapatillas o una taza de café fuera de lugar ni un momento. A veces se vuelven igual de maniáticas, o hasta más, con la higiene y la apariencia personal, llegando a pasar horas en el baño con la puerta cerrada y sin dejar que el resto de la familia entre a arreglarse para marcharse a la escuela o al trabajo”.


martes, 1 de febrero de 2011

Respire mejor


  ALGUNOS fóbicos sociales logran reducir la intensidad de los síntomas físicos mejorando la respiración. Parecerá extraño, pues todos sabemos respirar, pero los especialistas indican que muchos afectados de trastornos de ansiedad no lo hacen bien, sino de forma superficial, muy rápido o utilizando demasiado el pecho.
  Practique inhalando y espirando lentamente. Será más fácil por la nariz que por la boca. Aprenda también a respirar con el diafragma, pues con el pecho hay más riesgo de hiperventilación. Realice esta prueba: de pie, sitúe una mano por encima de la cintura y la otra en medio del pecho. Al respirar, observe cuál se mueve más. Si es la del pecho, deberá practicar con el diafragma.
  Claro, no siempre ha de respirar con el diafragma. (La relación habitual entre la respiración diafragmática y la pectoral es de 4 a 1, aunque resulta variable.) Advertencia: Si padece afecciones respiratorias crónicas, como enfisema o asma, consulte al médico antes de adoptar nuevas técnicas de respiración.



Cuestiónese sus ideas fóbicas


Se ha dicho que no puede tenerse un sentimiento sin antes haber experimentado un pensamiento. Esta afirmación parece ser cierta en el caso de la fobia social. Para atenuar los síntomas físicos, por tanto, es preciso que examine qué “pensamientos inquietantes” los desencadenan (Salmo 94:19).
Hay expertos que sostienen que esta fobia es, en esencia, el miedo a la desaprobación. Por ejemplo, en una actividad social, el enfermo quizás piense: “Menuda facha llevo. Seguro que todos me ven fuera de lugar y se ríen de mí”. Así se sentía Tracy, fóbica social, antes de cuestionarse tales ideas y comprender que la gente tenía más que hacer que andar analizándola y juzgándola. “Aun si dijera algo aburrido —concluyó—, ¿qué razón tendría nadie para censurarme como persona?”
Como Tracy, el lector tal vez deba determinar por qué es erróneo su enfoque; para ello, examine si sería probable, o incluso grave, recibir la desaprobación ajena en ciertos marcos sociales. ¿Hay razones válidas para creer que la gente se molestará con usted de ocurrir lo peor que se imagina? Hasta si se incomodaran algunos, ¿debería concluir que no va a superar el mal trago? ¿Acaso pierde usted valía por las opiniones negativas de los demás? La Biblia da este sabio consejo: “No des tu corazón a todas las palabras que hable la gente” (Eclesiastés 7:21).
Un equipo de doctores escribió en un análisis sobre la fobia social: “Los problemas surgen al conceder excesiva importancia a los rechazos inevitables que conlleva la vida. Aunque le causen grandes decepciones y mucho dolor, no es para deprimirse. Solo serán catastróficos si usted los considera así”.

Cómo afrontar los temores
Para superar la fobia social, hay que afrontar tarde o temprano los temores, aunque le intimide la idea, sobre todo si ha evitado hasta la fecha los marcos públicos que los suscitan. Pero tal actitud puede haberle restado confianza en sí mismo y haberle encerrado aún más en sus temores. Con razón dice la Biblia: “El que se aísla buscará su propio anhelo egoísta; contra toda sabiduría práctica estallará” (Proverbios 18:1).
Si le resulta demasiado arduo este paso,
algunos doctores recomiendan que se limite a imaginarse en las circunstancias temidas,
recreando con detalle la escena.
Aunque suba el nivel de ansiedad,
debe recordar que no es probable que la desaprobación ajena sea tan segura o tan grave como imagina, y escoger un final de la escena que confirme ese criterio.


A diferencia del aislamiento, el afrontamiento de los temores puede reducir la ansiedad. El doctor John R. Marshall señala: “Solemos animar al fóbico social —sobre todo si sus temores están relativamente circunscritos a un campo, por ejemplo, hablar en público— a que se obligue a estar activo en situaciones y organizaciones que exijan trato con la gente”.
Al afrontar las situaciones temidas, se convencerá de que 1) los defectos bochornosos no suelen ocasionar la desaprobación ajena y 2) aun si hubiera cierta desaprobación, no sería ninguna catástrofe. Recuerde que ha de tomar con paciencia las mejoras. La recuperación no se logra de un día para otro, ni es realista esperar que desaparezcan todos los síntomas. La doctora Sally Winston sostiene que el objetivo del tratamiento no es eliminar los síntomas, sino lograr que no importen. Afirma que si pierden relevancia desaparecerán, o por lo menos se atenuarán.
Quien piense medicarse debe analizar bien los riesgos y beneficios,
y ver si la gravedad de la fobia justifica el empleo de fármacos,
 que, según muchos expertos,
actúan mejor si se combinan con un tratamiento de los miedos y el comportamiento






Cómo superar la fobia social


“Lo más importante que debe recordar el fóbico es que su trastorno responde bien a la terapia; no hay razón para seguir soportándolo.”—Doctor Chris Sletten.
FELIZMENTE, muchos fóbicos sociales han recibido ayuda para atenuar la ansiedad y hasta encarar marcos públicos temidos por años. Si usted padece fobia social, tenga la seguridad de que también puede aprender a afrontarla constructivamente. Para ello ha de analizar 1) los síntomas físicos, 2) qué piensa sobre las situaciones temidas y 3) cómo se comporta a causa de los miedos.
En este particular resultan útiles los principios bíblicos, pues aunque la Palabra de Dios no sea un texto médico, ni mencione el término “fobia social”, ayuda a “[salvaguardar] la sabiduría práctica y la capacidad de pensar” a la hora de afrontar los temores (Proverbios 3:21; Isaías 48:17).
La lucha con los síntomas
Los síntomas físicos varían de un fóbico a otro. ¿Qué reacciones corporales tiene usted ante una situación temida? ¿Le tiemblan las manos? ¿Siente palpitaciones? ¿Sufre malestar abdominal? ¿Le entran sudores, se sonroja o se le reseca la boca?
Es patente que la perspectiva de transpirar, tartamudear o temblar en público no es ningún plato de gusto. Pero sentir ansiedad por meras posibilidades no le ayudará nada. Atinadamente preguntó Jesús: “¿Quién de ustedes, por medio de inquietarse, puede añadir un codo a la duración de su vida?” (Mateo 6:27; compárese con Proverbios 12:25). Lo único que uno logra obsesionándose con los síntomas y el qué dirán es empeorar la situación. “Al imaginar que se percatarán de su nerviosismo, el fóbico social se pone aún más ansioso —señala The Harvard Mental Health Letter—. Prevé que actuará con torpeza, expectativa que lo alarma aún más al ir aproximándose las situaciones que teme.”
Para aliviar la ansiedad, cuide su dieta,
 haga ejercicio regularmente y descanse lo suficiente
Tal vez logre reducir la intensidad de los síntomas practicando la respiración diafragmática lenta (véase el recuadro “Respire mejor”). También le será útil el ejercicio regular y la relajación muscular (1 Timoteo 4:8). Es posible que deba realizar cambios en su estilo de vida. Por ejemplo, la Biblia aconseja: “Mejor es un puñado de descanso que un puñado doble de duro trabajo y esforzarse tras el viento” (Eclesiastés 4:6). Asegúrese, pues, de descansar lo necesario. Cuide, además, el régimen alimenticio. No se salte comidas ni se alimente a intervalos irregulares. Quizás tenga que ingerir menos cafeína, una de las sustancias que más potencia la ansiedad.
Sobre todo, paciencia (Eclesiastés 7:8). Un equipo de doctores señala: “Acabará notando que, aunque todavía sienta cierta ansiedad en algunos marcos públicos, la intensidad de los síntomas corporales disminuirá de forma considerable y, lo que es más importante, con la práctica tendrá más autoestima y estará mejor preparado para afrontar las situaciones sociales que teme”