martes, 1 de febrero de 2011

Cuestiónese sus ideas fóbicas


Se ha dicho que no puede tenerse un sentimiento sin antes haber experimentado un pensamiento. Esta afirmación parece ser cierta en el caso de la fobia social. Para atenuar los síntomas físicos, por tanto, es preciso que examine qué “pensamientos inquietantes” los desencadenan (Salmo 94:19).
Hay expertos que sostienen que esta fobia es, en esencia, el miedo a la desaprobación. Por ejemplo, en una actividad social, el enfermo quizás piense: “Menuda facha llevo. Seguro que todos me ven fuera de lugar y se ríen de mí”. Así se sentía Tracy, fóbica social, antes de cuestionarse tales ideas y comprender que la gente tenía más que hacer que andar analizándola y juzgándola. “Aun si dijera algo aburrido —concluyó—, ¿qué razón tendría nadie para censurarme como persona?”
Como Tracy, el lector tal vez deba determinar por qué es erróneo su enfoque; para ello, examine si sería probable, o incluso grave, recibir la desaprobación ajena en ciertos marcos sociales. ¿Hay razones válidas para creer que la gente se molestará con usted de ocurrir lo peor que se imagina? Hasta si se incomodaran algunos, ¿debería concluir que no va a superar el mal trago? ¿Acaso pierde usted valía por las opiniones negativas de los demás? La Biblia da este sabio consejo: “No des tu corazón a todas las palabras que hable la gente” (Eclesiastés 7:21).
Un equipo de doctores escribió en un análisis sobre la fobia social: “Los problemas surgen al conceder excesiva importancia a los rechazos inevitables que conlleva la vida. Aunque le causen grandes decepciones y mucho dolor, no es para deprimirse. Solo serán catastróficos si usted los considera así”.

Cómo afrontar los temores
Para superar la fobia social, hay que afrontar tarde o temprano los temores, aunque le intimide la idea, sobre todo si ha evitado hasta la fecha los marcos públicos que los suscitan. Pero tal actitud puede haberle restado confianza en sí mismo y haberle encerrado aún más en sus temores. Con razón dice la Biblia: “El que se aísla buscará su propio anhelo egoísta; contra toda sabiduría práctica estallará” (Proverbios 18:1).
Si le resulta demasiado arduo este paso,
algunos doctores recomiendan que se limite a imaginarse en las circunstancias temidas,
recreando con detalle la escena.
Aunque suba el nivel de ansiedad,
debe recordar que no es probable que la desaprobación ajena sea tan segura o tan grave como imagina, y escoger un final de la escena que confirme ese criterio.


A diferencia del aislamiento, el afrontamiento de los temores puede reducir la ansiedad. El doctor John R. Marshall señala: “Solemos animar al fóbico social —sobre todo si sus temores están relativamente circunscritos a un campo, por ejemplo, hablar en público— a que se obligue a estar activo en situaciones y organizaciones que exijan trato con la gente”.
Al afrontar las situaciones temidas, se convencerá de que 1) los defectos bochornosos no suelen ocasionar la desaprobación ajena y 2) aun si hubiera cierta desaprobación, no sería ninguna catástrofe. Recuerde que ha de tomar con paciencia las mejoras. La recuperación no se logra de un día para otro, ni es realista esperar que desaparezcan todos los síntomas. La doctora Sally Winston sostiene que el objetivo del tratamiento no es eliminar los síntomas, sino lograr que no importen. Afirma que si pierden relevancia desaparecerán, o por lo menos se atenuarán.
Quien piense medicarse debe analizar bien los riesgos y beneficios,
y ver si la gravedad de la fobia justifica el empleo de fármacos,
 que, según muchos expertos,
actúan mejor si se combinan con un tratamiento de los miedos y el comportamiento