martes, 1 de febrero de 2011

Cómo superar la fobia social


“Lo más importante que debe recordar el fóbico es que su trastorno responde bien a la terapia; no hay razón para seguir soportándolo.”—Doctor Chris Sletten.
FELIZMENTE, muchos fóbicos sociales han recibido ayuda para atenuar la ansiedad y hasta encarar marcos públicos temidos por años. Si usted padece fobia social, tenga la seguridad de que también puede aprender a afrontarla constructivamente. Para ello ha de analizar 1) los síntomas físicos, 2) qué piensa sobre las situaciones temidas y 3) cómo se comporta a causa de los miedos.
En este particular resultan útiles los principios bíblicos, pues aunque la Palabra de Dios no sea un texto médico, ni mencione el término “fobia social”, ayuda a “[salvaguardar] la sabiduría práctica y la capacidad de pensar” a la hora de afrontar los temores (Proverbios 3:21; Isaías 48:17).
La lucha con los síntomas
Los síntomas físicos varían de un fóbico a otro. ¿Qué reacciones corporales tiene usted ante una situación temida? ¿Le tiemblan las manos? ¿Siente palpitaciones? ¿Sufre malestar abdominal? ¿Le entran sudores, se sonroja o se le reseca la boca?
Es patente que la perspectiva de transpirar, tartamudear o temblar en público no es ningún plato de gusto. Pero sentir ansiedad por meras posibilidades no le ayudará nada. Atinadamente preguntó Jesús: “¿Quién de ustedes, por medio de inquietarse, puede añadir un codo a la duración de su vida?” (Mateo 6:27; compárese con Proverbios 12:25). Lo único que uno logra obsesionándose con los síntomas y el qué dirán es empeorar la situación. “Al imaginar que se percatarán de su nerviosismo, el fóbico social se pone aún más ansioso —señala The Harvard Mental Health Letter—. Prevé que actuará con torpeza, expectativa que lo alarma aún más al ir aproximándose las situaciones que teme.”
Para aliviar la ansiedad, cuide su dieta,
 haga ejercicio regularmente y descanse lo suficiente
Tal vez logre reducir la intensidad de los síntomas practicando la respiración diafragmática lenta (véase el recuadro “Respire mejor”). También le será útil el ejercicio regular y la relajación muscular (1 Timoteo 4:8). Es posible que deba realizar cambios en su estilo de vida. Por ejemplo, la Biblia aconseja: “Mejor es un puñado de descanso que un puñado doble de duro trabajo y esforzarse tras el viento” (Eclesiastés 4:6). Asegúrese, pues, de descansar lo necesario. Cuide, además, el régimen alimenticio. No se salte comidas ni se alimente a intervalos irregulares. Quizás tenga que ingerir menos cafeína, una de las sustancias que más potencia la ansiedad.
Sobre todo, paciencia (Eclesiastés 7:8). Un equipo de doctores señala: “Acabará notando que, aunque todavía sienta cierta ansiedad en algunos marcos públicos, la intensidad de los síntomas corporales disminuirá de forma considerable y, lo que es más importante, con la práctica tendrá más autoestima y estará mejor preparado para afrontar las situaciones sociales que teme”