martes, 1 de marzo de 2011

Anorexia nerviosa



Bueno pues, ¿qué es la anorexia nerviosa? ¿Cómo la contrae la gente?, y ¿por qué es ésta tan difícil de tratar y curar?
La falta de apetito no es nada extraordinario. A todos nos pasa que hay días en que no tenemos apetito. Esto se llama “anorexia”, palabra que se deriva del griego, que significa falta de apetito. Este período que es bastante común en la rutina normal de la vida se resuelve pronto cuando el cuerpo descansa, de modo que el apetito vuelve.
Sin embargo, sucede lo contrario en el caso de las personas que padecen de anorexia nerviosa. Según The Shorter Oxford English Dictionary tal “falta de apetito, que se atribuye a un grave desorden emocional, resulta en adelgazamiento”. ¡No es de sorprender que esta enfermedad pueda llevar tan fácilmente a la muerte! En términos médicos, la anorexia nerviosa se considera como un desorden sicosomático, es decir, un desorden que afecta tanto a la mente como al cuerpo. Pero, para muchas personas, tal definición es una simplificación exagerada respecto a una enfermedad compleja de la cual todavía no se tiene pleno entendimiento. Puede acarrear gran sufrimiento físico y mucha angustia a todos los que padezcan de ella.


“¡Me pasó a mí!”
“No diga: ‘¡Eso jamás me sucederá a mí!’ Eso fue lo que yo siempre había pensado. Pero, ¡sí me sucedió!” Este consejo franco lo da Patricia, cuyo peso normal de 52 kilogramos bajó a solo unos 34 kilogramos. Ella continúa su relato así: “Siempre había sido sensata y juiciosa. Me encantaba cocinar y disfrutaba de lo que cocinaba. Pero a medida que fui padeciendo de la anorexia, mi personalidad cambió por completo. La gente no me podía decir nada sin que yo me pusiera a gritar insultos. Todo lo que pasé durante ese período fue horrible y degradante. Me echaba en la cama y lloraba por horas. ¡Era tan desdichada e infeliz!”.
Ahora al recordar aquella situación, como joven recuperada y saludable que tiene más de veinte años de edad, Pat dice: “En realidad todavía no comprendo exactamente por qué me sucedió todo aquello. Puede que haya habido un sinnúmero de razones”.
No es nada extraño que se haga difícil determinar con exactitud lo que causa la anorexia nerviosa, pero, al estudiar una serie de casos, se han descubierto ciertos factores comunes que vale la pena considerar.


El peligro de estar a dieta
Aunque la anorexia nerviosa puede afectar a los varones jóvenes, por lo general las víctimas son las muchachas adolescentes. En muchos casos el factor principal es el descontrolarse al estar a dieta. El omitir una que otra comida no presenta ningún peligro, pero es otro asunto someterse a una dieta rigurosa y alimentarse esporádicamente.


Mary, una adolescente, dijo confidencialmente: “Quería perder unos cuantos kilos, de modo que decidí ponerme a dieta. A fin de perder unos kilos más, también eliminé las comidas. A pesar de que mis amistades me decían: ‘¡Oh, estás delgada... estás adelgazando!’, cada vez que me miraba en el espejo no veía ningún cambio. Es extraño, pero yo no podía ver diferencia alguna en mi apariencia y todavía creía que estaba muy gorda. Pero no pasó mucho tiempo antes de que enfermara gravemente”. ¿Qué dice la madre de ella? “Si mi otra hija se me acercara para decirme que se iba a poner a dieta, yo no volvería a tomarlo tan a la ligera. Apartaría tiempo para considerar más detenidamente el asunto con ella y le diría: ‘Vamos a planearlo juntas’, para que, aunque ella estuviera a dieta, todavía se alimentara debidamente. El problema fue que cuando Mary estuvo padeciendo de anorexia nerviosa era imposible razonar con ella.” Entonces, ¿qué es lo que ocurre?


Por razones que todavía no se comprenden claramente, una vez que el cuerpo alcanza cierto punto de desnutrición, cosas extrañas pueden suceder. En el caso de las jóvenes, la menstruación cesa. Poco después puede que aparezcan más vellos en los brazos y las piernas, mientras que el alimento les repugna y se apodera de ellas la obsesión de permanecer delgadas. Al principio una vitalidad aparente domina a la persona. Además, como la madre de Mary descubrió muy tarde, no importa cuánto se hable con la paciente (pues esto es en lo que la persona se ha convertido), no hay manera de convencerla de que está obrando anormalmente ni de que su salud —y tal vez hasta su vida— está en peligro.


¿Hay modo alguno de saber si alguien a quien uno ama padece de anorexia nerviosa? Una notable pérdida de peso es un síntoma obvio, pero, aunque parezca sorprendente, no es siempre fácil descubrirlo. ¿Por qué? Porque a menudo las personas que padecen de anorexia toman medidas extremadas para ocultar su verdadero estado físico tanto de sí mismas como de las personas que procuran ayudarlas. Por medio de ponerse mucha ropa, o mediante llevar objetos pesados en los bolsillos, se engañan a sí mismas de una manera que a sus amigos se les hace difícil comprender. Hay quienes van al extremo de provocarse vómitos o de tomar purgantes fuertes a fin de eliminar el alimento del cuerpo, pero por lo general hacen eso también sin que se enteren las personas a su alrededor.


Muchas personas opinan que esta enfermedad se limita al mundo occidental, pero en realidad no es así. “Los africanos se han hecho los mejores imitadores de otras culturas”, comenta el Dr. Daniel Kabithe, de Kenia. “Si en Occidente está de moda el adelgazar, entonces las mujeres africanas también se empeñan en adelgazar.” Al resumir los resultados de su investigación sobre este asunto, el Dr. Kabithe pasa a explicar: “La anorexia se desarrolla a propósito, y la joven rehúsa comer para alcanzar cierta meta”. Esta enfermedad puede encerrar más que el simple problema de estar a dieta. Las emociones y la tensión también desempeñan papeles importantes en causar esta enfermedad.


¿Por qué mayormente los jóvenes?
La adolescencia puede ser una etapa particularmente difícil de la vida, en especial hoy día, cuando los jóvenes se enfrentan a problemas y frustraciones poco comunes. ¿Qué tiene que ver esto con la anorexia nerviosa? El Dr. Michael Spira, médico inglés, dice en cuanto a la causa de ésta: “Parece que la explicación más probable sea que la joven tiene cierto temor básico de llegar a ser adulta. De modo que, por medio de adelgazar, ella procura impedir o trastornar los cambios de la pubertad que se manifiestan en la configuración corporal y en las características sexuales, los cuales ella asocia con la madurez que va acompañada de las responsabilidades que ella teme aceptar”.


Al evaluar esta enfermedad, es de primera importancia considerar cómo el paciente se relaciona con la vida misma y con el ambiente que existe entre los miembros allegados de su familia. La Dra. Joan Gómez, siquiatra consultora, llama la atención sobre este punto al decir: “Los cambios que ocurren con respecto a las hormonas son absolutamente secundarios y no causan la anorexia nerviosa. La causa está en el círculo familiar mismo”.


R. L. Palmer, siquiatra, respalda este punto de vista, pues escribe lo siguiente: “Los jóvenes que desarrollan anorexia nerviosa, al adelgazar, experimentan dificultades en cuanto a encararse a la vida, a sus emociones o, particularmente, a los cambios que ellos experimentan durante la adolescencia. Puede haber una extensa variedad de dificultades”. ¿Cuáles son algunas de éstas? Considere lo que dos víctimas dicen:
“Mi enfermedad comenzó hace unos cuatro años. Los dueños de la casa que mi papá había alquilado volvieron del extranjero; esto significó que por un tiempo estuvimos sin hogar. Mis papás, mi hermano y mi hermana se alojaron, cada cual, en diferentes lugares, y no nos veíamos a menudo.


No me había dado cuenta de cuánto me preocupaba toda la situación sino hasta ahora, cuando la considero en retrospección. Me sentía muy insegura, dejé de comer y con el tiempo fui a parar al hospital. Entonces, cuando sí quería comer, sencillamente no podía. Fui obligada a comer, pero los médicos dicen que la artritis de la cual ahora padezco es resultado directo de la anorexia nerviosa causada por la tensión”.


“‘¡Estás engordando!’ ‘¡Oye... parece que has aumentado de peso!’ Estos comentarios eran ciertos, hechos más en broma que por cualquier otra razón, pero a mí, como adolescente, me molestaba oírlos debido a que tocaban un punto sensible.




Cuando salí de la escuela, a los dieciséis años de edad, las jóvenes más felices, de más éxito y mejor vestidas parecían ser las delgadas. Puesto que yo era tan tímida y retraída, aquello llegó a representar una meta hacia la cual esforzarme; de modo que comencé a adelgazar. Pero pronto me extralimité en el régimen alimenticio que había comenzado, pasaba por alto algunas comidas y dejé de comer ciertos alimentos a fin de perder más peso. Los fuertes dolores que me producía el hambre eran terribles; no obstante, el hecho de que, de algún modo, podía seguir adelante sin prestar atención a lo que sentía y de que, con el tiempo, podría vencer tal dolor, produjeron en mí un gran sentido de satisfacción.
Gradualmente fui debilitándome hasta el grado que se me hacía muy difícil subir las escaleras. Hasta el levantar una almohada llegó a ser una tarea pesada para mí. La anorexia nerviosa se había convertido en una realidad. Me tomó cinco largos y difíciles años para poder restaurarme.


Sí, también había problemas en mi hogar cuando yo era adolescente, pero ahora comprendo que gran parte de la situación se debía a la manera como yo reaccionaba a los comentarios que se hacían sobre mi gordura. Por eso quiero decir esto: ¡Nunca jamás haga comentario alguno acerca del peso, la figura o la estatura de un adolescente! Puede que cause más daño de lo que usted se imagine”.


El tener un fracaso amoroso, o algún complejo de inferioridad, presión debido a querer salir bien en los exámenes y prosperar en el mundo, el tratar de cumplir con ciertas normas que los padres u otras autoridades establecen, todas estas cosas, y muchas otras, pueden conducir a la persona insegura por el camino que lleva a la anorexia nerviosa. Aunque las terapias pueden ser útiles para tratar los síntomas (y es aconsejable consultar con un médico lo más pronto posible), en realidad el recobro depende de la persona misma. ¿En qué sentido? Aplica las siguientes sugerencias:


Cosas que hacer y no hacer

NO te aísles. Fácilmente pudieras hacerte introvertido. Pudieras desviarte con facilidad del camino que conduce al modo de pensar maduro de los adultos. Cierto hombre muy sabio dijo: “El que está andando con personas sabias se hará sabio” (Proverbios 13:20). ¡Cultiva amistades! ¡Demuestra tu aprecio por tener la amistad de un confidente sabio!

NO creas que tienes que conformarte a las últimas manías y modas. Los cristianos no son parte del mundo. Si hallas que eres el único que apoyas algún asunto relacionado con cierto principio, considéralo como estar en una posición que manifiesta verdadera fuerza. (Juan 17:16, 17.)

HALLA algo edificante que hacer, preferiblemente alguna actividad que beneficie a otras personas. Jesús dijo: “Hay más felicidad en dar que la que hay en recibir”. El servir a otras personas hará que pienses menos en ti mismo. (Hechos 20:35.)

COMPRENDE que tu Creador, Jehová Dios, se interesa en ti. El que te acerques a él en oración puede suministrarte “poder que es más allá de lo normal” en tiempos de necesidad. (2 Corintios 4:7.)

TEN presente que personas se han curado de la anorexia nerviosa; tú también puedes curarte. Pero mucho depende de tu propio modo de pensar positivo.