miércoles, 28 de marzo de 2012

Estoy muy delgado.


Muchas personas a nivel mundial se preocupan en exceso por su apariencia física,en especial en la contextura de su cuerpo, lo normal y mas común es que muchos se quejen de tener sobrepeso, pero hay otro porcentaje de personas que se preocupan por lo contrario "¿por qué estoy tan delgado?
Parece ilógico que mientras la gran mayoría lucha por conseguir una figura delgada, hay otro grupo que sufre por estarlo.
Aunque se ha hablado mucho de los jóvenes que creen tener un problema de sobrepeso, a menudo se pasa por alto a los que piensan que están demasiado delgados. Para ciertos grupos étnicos, la delgadez no es precisamente sinónimo de belleza, y lo mismo sucede en algunos países, donde una chica delgada puede ser objeto de burlas crueles por estar “flacucha”.


















¿Y qué hay de los chicos? Según la investigadora Susan Bordo, “los estudios realizados en las décadas anteriores a los años ochenta sobre el aspecto físico revelaron que cuando las mujeres se miraban en el espejo, solo veían defectos”. ¿Y los hombres? Ella añade: “Cuando los hombres se miraban en el espejo, consideraban que su apariencia era muy buena o incluso mejor de lo que en realidad era”. Pero, en años recientes, la situación ha empezado a cambiar. Dicha investigadora señala que más de una cuarta parte de los pacientes de cirugía estética son varones, y relaciona el creciente interés que muestran los jóvenes en su apariencia física con los cuerpos masculinos “perfectos” de los anuncios de ropa interior que aparecen en Estados Unidos y otros países occidentales. Naturalmente, este tipo de publicidad ha influido mucho en los adolescentes, puesto que se sienten inferiores por no tener el físico musculoso que exhiben los modelos.


Por qué estás delgado

En muchos casos, la delgadez es perfectamente normal. Con frecuencia se debe tan solo al ritmo del crecimiento y la aceleración del metabolismo que acompañan a la adolescencia. Por regla general, el metabolismo se vuelve más lento a medida que uno se hace mayor. Sin embargo, si estás extremadamente delgado a pesar de la buena alimentación, sería recomendable que consultaras a un médico para descartar cualquier problema de salud, como la diabetes, que puede causar pérdida de peso.
Steven Levenkron, reconocido especialista en trastornos alimentarios, dijo: “Recuerdo el caso de una joven sumamente delgada que llegó a mí con un diagnóstico de anorexia, y que de verdad parecía tener un trastorno del apetito. Sin embargo, enseguida me di cuenta de que su problema se debía a razones físicas, no psicológicas. Su médico de cabecera no se había percatado de que padecía la enfermedad de Crohn, una grave afección intestinal. Ese descuido pudo haberle costado la vida a la muchacha”. Si eres diabético o sufres alguna otra enfermedad que provoque pérdida de peso, harás bien en seguir con cuidado las recomendaciones del médico.
Claro, la delgadez puede ser a veces síntoma de problemas emocionales. En su libro Anatomy of Anorexia, el doctor Levenkron señala que, según ciertos investigadores, gran parte “de los diabéticos que dependen de la insulina padecen trastornos alimentarios; desde la ingestión compulsiva de alimentos, a la bulimia o la anorexia”. Un médico competente puede determinar si existen dichos trastornos.
Consejos prácticos
Supongamos que has consultado a un médico y que estás delgado pero sano. ¿Qué debes hacer entonces? La Biblia dice en Job 8:11: “¿Crecerá y se hará alto el papiro sin un lugar pantanoso? ¿Crecerá y se hará grande la caña sin agua?”. Para que una planta crezca con fuerza, debe hallarse en el entorno apropiado y recibir los nutrientes que necesita. Así mismo, si deseas convertirte en un adulto saludable, tienes que llevar una dieta equilibrada. Este punto es importante, sea que intentes aumentar de peso o adelgazar.
Ahora bien, no vayas a caer en la tentación de comer abundantes alimentos grasos a fin de ganar peso con más rapidez. Mientras dirigía una investigación sobre el régimen alimenticio de los culturistas en período de entrenamiento, la nutricionista Susan Kleiner observó que estos ingerían alrededor de 6.000 calorías diarias. Sin embargo, “lo preocupante —dijo— era que tomaban, como promedio, más de 200 gramos de materia grasa al día. Esto equivale casi a comerse dos barras de mantequilla, lo que en poco tiempo puede acabar con la salud de cualquiera. La ingestión continuada de tal cantidad de grasas termina por provocar dolencias cardíacas”.
De acuerdo con el Departamento de Agricultura de Estados Unidos, la base de una buena alimentación son los carbohidratos, tales como el pan, los cereales, el arroz y la pasta; a los que siguen en importancia las frutas y las verduras. El citado departamento aconseja consumir carne y lácteos con moderación.
A fin de controlar exactamente la cantidad y variedad de lo que tomas, puedes intentar hacer un diario. Lleva contigo una libreta de bolsillo durante una semana, y anota todo lo que comes y cuándo lo haces. Quizás te sorprenda descubrir que, en realidad, no estás ingiriendo ni con mucho lo que pensabas, en especial si siempre vas deprisa y corriendo. Un adolescente activo como tú puede consumir a diario con facilidad 3.000 calorías o más. Posiblemente también te des cuenta de que tu dieta no es tan equilibrada y de que recurres demasiado a la comida rápida, a las hamburguesas y las pizzas, en vez de comer suficientes frutas y verduras.

¿Qué puede decirse de los costosos suplementos nutricionales? Tal vez no los necesites. Muchos expertos creen que tu cuerpo puede obtener todo lo que requiere mediante una buena alimentación. Sobre todo, evita las soluciones rápidas como los esteroides anabolizantes.
 Lamentablemente, los adolescentes varones no son los únicos que abusan de tales sustancias. El periódico The New York Times informa: “El creciente consumo [de esteroides] entre las chicas, el cual algunos investigadores achacan en parte a un tipo de trastorno de índole contraria a la anorexia, ha alcanzado niveles semejantes a los que se atribuían a los chicos en la década de los ochenta del siglo XX”. Aunque resulte espeluznante, 175.000 muchachas estadounidenses admiten tomar anabolizantes, a pesar de los numerosos y trágicos efectos secundarios que pueden ocasionar, tales como vello facial no deseado, irregularidades menstruales, cáncer de mama en las mujeres y de próstata en los hombres, obstrucción de las arterias y cáncer de hígado. Nunca deben tomarse esteroides sin la debida prescripción y supervisión de un médico.

Sé modesto y realista

Dado que la modestia implica el reconocimiento de nuestras propias limitaciones, esta cualidad te ayudará a ser realista en cuanto a tu apariencia. la biblia es clara en ello (Miqueas 6:8).
Desde luego, no hay nada malo en desear tener un buen aspecto. Sin embargo, hacer de ello una obsesión no le conviene a nadie, salvo quizás a la industria de la moda y a los fabricantes de productos dietéticos. Los preparadores físicos concuerdan en que el hombre promedio sencillamente no cuenta con los genes necesarios para convertirse en un culturista de categoría mundial, sin importar lo bien que coma y cuánto tiempo dedique al entrenamiento. Y si eres una chica, tal vez no engordes, prescindiendo de cuánto comas.
Curiosamente, efectuar pequeños cambios en el vestuario puede ayudarte a disimular lo que tú consideras imperfecciones. Evita las prendas que resalten de forma innecesaria las partes de tu cuerpo que no te gusten. Algunas personas aconsejan llevar colores claros, ya que los tonos oscuros tienden a acentuar la delgadez.
modelicas.com

Recuerda también que la personalidad es mucho más importante que la apariencia física. A la larga, una sonrisa agradable y un comportamiento bondadoso harán que resultes más atractivo que quienes poseen unos músculos cincelados o visten cierta talla de ropa. Si los amigos se burlan de ti a menudo por causa de tu aspecto, busca la compañía de personas que te aprecien por lo que eres, por lo que la Biblia llama “la persona secreta del corazón” (1 Pedro 3:4). Y para finalizar, nunca olvides que “el simple hombre ve lo que aparece a los ojos; pero en cuanto a Jehová, él ve lo que es el corazón” (1 Samuel 16:7).