sábado, 29 de enero de 2011

El valor de ayudarse a sí mismo

En vista de las limitaciones de los medicamentos, ¿pueden las personas que sufren de fobias ayudarse a sí mismas? Sí, y muchos médicos y terapeutas enseñan que la ayuda que uno mismo se dé es la mejor manera de tratar las fobias. Los resultados pueden ser remuneradores y frecuentemente duraderos.
En primer lugar, la víctima de fobia tiene que aprender el arte de relajarse. La relajación física completa es esencial para lograr la sumamente importante relajación de la tensión mental. Tocante a esto, el sicólogo Alan Goldstein informa: “Enseñamos a los pacientes con agorafobia a relajarse, a controlar el ritmo de su respiración, a poner paro a sus pensamientos de pánico y a enfocar su atención en el momento presente para ayudarlos a lidiar con sus ataques de pánico”.
Una vez que esto se logra (y no es fácil, ya que el aprender a relajarse adecuadamente puede requerir semanas de paciente esfuerzo), el próximo paso consiste en identificar la fuente del temor y enfrentarse a esta. Un terapeuta diestro puede ayudar a un paciente a comprender las etapas que conllevan a un ataque de pánico. Entonces, paso a paso, anima al paciente a contrarrestarlas en su imaginación. Es tal como lo explica Alan Goldstein: “Los ayudamos a identificar lo que sienten y a poder atinar a ello”.
No todas las personas que padecen de fobias pueden llegar a dominar esta técnica de desensibilización, como se le llama. Pero puede con el tiempo conducir a los que sí logran dominarla a encararse a su experiencia y contrarrestarla. Aunque no se logre una cura completa, puede que la causa o las causas de la fobia se puedan, por lo menos, tolerar de allí en adelante. Los terapeutas que usan esta técnica alegan que de cada diez pacientes que se someten a este tratamiento, ocho obtienen considerable alivio.


La lucha contra el temor
Una extensión de esta idea de desensibilización es hacer que el paciente se encare deliberadamente a la fuente de su temor por el mayor espacio de tiempo posible. Esto requiere mucho valor y puede ser agotador y emocionalmente irritante en algunos casos. Por estas razones es mejor, por lo general, que este método se realice bajo supervisión profesional, más bien que por sí solo. De cualquier modo, frecuentemente da buenos resultados.
Un pionero de este tratamiento, Tony Elliott, quien padeció de agorafobia, fundó una asociación para personas con fobias en Nottingham, Inglaterra. Para ayudar a los pacientes a vencer la fobia de viajar en tren, hace que estos visiten una estación ferroviaria y se sienten en un vagón situado en una vía muerta. Después, el primer paso es mover el vagón de un extremo de la estación hasta el otro, progresando poco a poco hasta hacer un viaje de unos pocos kilómetros hasta la próxima estación. Hay médicos supervisando el viaje y están listos con un surtido de tranquilizantes.
Los resultados han sido muy animadores. “Puedo curar el 90% de la enfermedad de algunos de los pacientes”, alega Elliott. La misma terapia ahora se está aplicando a los que tienen fobia de viajar en autobús y en avión, y varias asociaciones están usando este método.


La empatía y la fe religiosa
¡Qué fácil es reírse de las fobias de otras personas! Tales temores, sin embargo, son muy reales y exigen gran comprensión y compasión. Los que sufren de fobia rara vez exageran o fingen lo que sienten. El puño de hierro del temor puede ser intenso y los obstáculos que este presente pueden ser completamente reales.
No obstante, se sabe de amigos que, aunque con buenas intenciones, toman el problema a la ligera y animan a la persona con fobia a que ‘deje eso’. Expresiones tales como: ‘¡Cedes muy fácilmente!’, y: ‘¡No seas tonto, eso no hace daño!’ se oyen comúnmente. Pero son, de hecho, contraproducentes... y poco amables. La persona con fobia necesita que se le ayude con paciencia y empatía.
Otro factor de importancia que ayudará a alguien con fobia es una fuerte convicción religiosa. Es tal como lo expresó un escritor: “Soy de la firme opinión de que la fe religiosa está relacionada a todo aspecto de nuestra vida y los que profesan tal fe deberían ‘movilizarla’ en su lucha contra el temor”.
Ciertamente es buen consejo para un cristiano el que este se dirija a Dios en oración cuando sienta que se está desarrollando en él o ella un pánico fóbico. La confianza en Dios y en su amor y poder puede aportar una fuerte ayuda espiritual. (Filipenses 4:6, 7, 13.)


El escritor ya mencionado advierte: “Debo agregar, no obstante, que la fe religiosa no hace necesariamente un ‘milagro’ ni trae cura instantánea”. Nadie alega que es fácil sobreponerse a una fobia. Es una lucha que tiene lugar en la mente, y la perseverancia es vital. El mismo experto escribe: “Si usted se da por vencido tan pronto como siente pánico, regresará de nuevo a su encarcelamiento. Es solo por medio de hacerle frente al temor, de sobrellevarlo, de darse cuenta de que el miedo en sí no puede hacerle daño, que gradualmente usted perderá la ansiedad y hallará liberación”.